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Tito Fernández - El Entierro lyrics

A veces, cuando salgo a 'uscar los bueyes,
la edad me lleva, sin querer, a recordar
y aquellas leguas, largas, hasta el hombre
me parecen mentira.

Había tan poco tiempo p'a contar
y tantaza cosa que contar,
había tanta energía p'a gastar,
tanta montaña que aserrar,
tganta tierra que sembrar.

Había tanta pena que cantar,
había tanta noche p'a llorar.

Me miraba las manos y pensaba
que, a veces, parecían no ser mías,
miraba mi mujer, cuando dormía,
y pensaba que tampoco ella era mía.

Era del tiempo, como too,
del mañana que venía silencioso,
con su taza de café, media tortilla,
y la lluvia, a veces, vociferando ajuera
y apaliando el corral con sus varillas.

La leyenda hablaba de un entierro
que a veces brillaba por el bajo.
y yo quería encontrarme aquel entierro,
quería hallarlo, no p'a hacerme rico,
sino p'a no sentirme tan debajo.

P'a no sentirme, algún día, viejo y despreciao,
p'a no tener que arrendar el corazón,
p'a poder hacer la rancha que quería
y comprarme una vaca y un pellón.

Así que una noche de San Juan,
salí a buscar el mentao entierro aquel que tanto hablaban
me llevé sólo una rama de la higuera, me acuerdo,
y una vela que el viento me apagaba.

Yo soy cristiano y tengo mi creencia,
pero esa vez no llevé ni escapulario,
se me había tupío la conciencia
y me olvidé hasta los consejos del sagrario.

Yo creo que vale contar esa experiencia,
hallé la luz y el lugar bajo la higuera,
y escarbé y escarbé toa la noche
y no hallé más que piedras, piedras y más piedras.

Me hice pedazos las manos escarbando,
y lloré de rabia de rabia e impotencia,
y entonces me fijé que de mis manos
salía sangre roja, roja y fresca.

¿Hay tesoro más grande que las manos? me pregunto,
con ellas me agarré de la vida un día,
con ellas la gané y hoy la mantengo
y así mañana, mañana y cada día.
Compré montura p'al caballo y una vaca,
una vaca, linda, que ahora tiene cría,
como la Juana, que tamién está criando
un hijo chico p'a continuar la vida.

A veces cuando le hago su cariño,
por ahí, a mi nieto Juan José,
me miro las manos y la edad me hace acordarme
del enorme tesoro quel que hallé.

A veces, cuando salgo a buscar los bueyes,
la edad me lleva, sin querer, a recordar
y aquellas leguas, largas, hasta el hombre
me parecen mentira.